Alive

Eccedentesiasta. Nivel 16
|Pensamientos en papel| Entre libros y lienzos, dame un lápiz o un color y te contaré millones de historias

Amos las mañanas frías y amo como las nubes abren paso al sol, amo una taza de café por la mañana y todo la vibra que transmite. Tal vez sea porque me recuerda a ti, a tus ojos color café.

Amo el color café porque se adaptan al día, la forma en que el sol los toca ligeramente y los hacer ver de un color ámbar haciéndolos parecer aún más hermosos, y la manera en que por las noches se ven oscuros y fríos al igual que la luna.

Amo el café al igual que tus ojos, quizás… Ame el café porque me recuerda a ti.

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La chica en el espejo

¿Quién era la chica del espejo?

Dicen que el espejo te refleja, en efecto yo no era la que el espejo mostraba.  Nos mirábamos mutuamente, aun no sé por qué no apartaba su vista de mí. Éramos diferentes o así lo veía yo, ella se veía fría, triste; sin vida.

Al día siguiente volví a visitar el espejo, ella me miraba y me dijo que me estaba esperando, me quedé un rato a conversar, ella sonrió y le dije lo hermosa que era y se sonrojó.

Regresé a visitarla y le pregunté como le había ido, ella me respondió con un “todo va mejorando” me sorprendí, en sus ojos había algo distinto; esperanza.

Todos los días del estío estuve visitándola y animándola, era una chica realmente hermosa como el desliz del sol por la tranquilas aguas, amaba verla y los días se me iban junto a ella.

Un día hice lo de costumbre y allí la vi. Se veía hermosa, como la flor que crece en la adversidad, sus ojos estaban achinados a causa de esa gran sonrisa, me quedé anonadada. Hizo un ademán para que me acercara; la contemplé. Le dije lo encantadora que se mostraba, ella se limitó a sonreír y me dijo  que ya era tiempo de irse y sin más; se fue.

Al día siguiente pense en visitarla y al llegar al espejo no la vi. Grité y grité pero ella no aparecía, volví a mirar y vi mi reflejo, aquel que llegue buscando la primera vez que encontré a la chica.

Ahora que lo pienso, quizás ella nunca existió… Quizás siempre fui yo…

Parecidos a ojos normales me fui enamorando de ellos y de como me miraban.

“Tengo ojeras en el corazón y huecos debajo de los ojos. ¿O es al revés? ¡Carajo! ¡Ya en serio! Debo considerar empezar a dormirme temprano, esperar a que sanen las heridas de mi café y evitar beber más amor… Evidentemente.”

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La Tregua - Mario Benedetti.

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La Tregua - Mario Benedetti.

(via yo-sii-creo-en-la-magia)

Me pierdo entre las fundas del sofá, soy tan pequeña que encajo perfectamente en alguna de sus ranuras ¿me buscas? Como aquel que va de prisa y no encuentra las llaves de su auto o como aquel calcetín perdido en una lavadora he de permanecer en el olvido

El armario de recuerdos

Los recuerdos salen del armario y vienen a cobrar venganza por mantenerlos en la oscuridad, hoy las hojas de los viejos apuntes pierden importancia y caen; perdiéndose en la memoria del olvido.

Las fotografías han perdido color y las sonrisas en aquellos jóvenes rostros es inverosímil, ahora sólo parece una mancha disimulada que crece a través del tiempo ¡que recuerdos! Aquellos tiempos donde en sus rostros se observaba inocencia y la única preocupación de esos días era ser feliz.

El armario está opulentamente abierto, encuentro desde los sombreros chistosos que amaba usar hasta viejos juguetes que esperan polvorientos a ser rescatados. Abro el alma a los recuerdos, la alegría juega con la comisura de mis labios y es como bailar la melodía del aleteo de una mariposa; ágil y suave. El compás del tiempo no se hizo esperar y bailamos para la luna en esa noche de verano.

Los ganchos de ropa se asemejan a aquella cuerda solitaria, aquella cuya vez tuvo un triste cuerpo entre sus brazos. Los ganchos se mesen al vaivén del viento, es lo único que llena es armario de recuerdos, se siente vacio pero al mismo tiempo llena.

Cierro sus puertas y todo parece estar igual pero no es cierto, aquel armario me devolvió algo perdido; mis recuerdos.

¿A un día de verano compararte?
Más hermosura y suavidad posees.
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío no dura casi nada.

A veces demasiado brilla el ojo
solar y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez declina,
ajada por la suerte o por el tiempo.

Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte
se jactará de ensombrecer tus pasos
cuando crezcas en versos inmortales.

Vivirás mientras alguien vea y sienta
y esto pueda vivir y te dé vida.

—   W. Shakespeare

“Ella no se entiende, nunca lo ha hecho, esta no sería la excepción.
Ariana caminaba por la esquina de una cigarreria antigua. Sus pasos se daban de una forma mecánica, lentos y fijos, más su mirada se encontraba perdida. Sintió que una nube gris abrazó su rostro, se resopló, lamió sus labios en busca de humectarlos.
Se hizo una coleta muy alta mientras daba golpecitos a sus mejillas tratando de reaccionar. > —pensó— Era el humo de un fino tabaco que un anciano bañado en canas se consumía sentado en una mesa con una taza de café en su mano.
Ariana se percato de la expresión de placer de los ojos del anciano al posar el tabaco en medio de sus labios y absorber. Se acercó intrigada.
— ¿Que lleva ahí? —preguntó señalando el objeto que sostenía con dos dedos.
— Es un amigo que me ayuda a pensar. —respondió el anciano esbozando una media sonrisa.
— Señor, he visto eso que tiene ahí antes. También he escuchado mucho. No lo haga, se puede morir.
— Solo aquello que tiene vida puede morir.
Ariana parpadeó y el anciano ya no estaba.”

—   El espectro del tabaco. Tatiana C. (via migajasyescritos)